Los habitantes de una comarca del Pirineo catalano-aragonés decidieron hacer frente a la crisis dando a conocer su tierra mediante el arte urbano y la poesía. Tras un año de trabajo, pintaron un gran cerdo en el casco urbano de la población leridana de Pont de Suert (Lleida).
Texto por Diario Público.
Comenzaban ya a sentirse las primeras dentelladas de la crisis financiera cuando los habitantes de una pequeña comarca catalano-aragonesa se propusieron plantar cara a las dificultades dando a conocer su tierra. Poner la Alta Ribagorza en el mapa era más que un capricho, dado que esta pequeña porción del Pirineo vive casi en exclusiva hoy de la ganadería y el turismo.
Lo que sucedió después es una historia singular. En lugar de echar mano de las clásicas fórmulas promocionales y de las postales estereotipadas de prados, vacas y viejas iglesias medievales, se sacaron de la manga una campaña que consistía en “retratarse” mediante intervenciones artísticas, poesía contemporánea, electro-pop y cómics.
Hay quien desnuda al cuerpo de bomberos para hacer un calendario promocional o quien convence a sus ancianos para que improvisen una coreografía de claqué en un vagón de metro. Ellos fueron más allá y durante más de un año (2011 y 2012), organizaron recitales poéticos inspirados por los “poetry-slams”, decoraron con poemas, grafitis, tags y "stencyls" los pueblos de la comarca y, finalmente, llevaron a cabo una gran pintura colectiva en la localidad de Pont de Suert (Lleida). Importaba mucho menos la calidad artística de la intervención que las sinergias y el diálogo que surgió a raíz de esta iniciativa comunitaria.
Uno de los mentores del proyecto, Joan Perelada, resume así la moraleja y los valores que sustentaban conceptualmente esta intervención: "Frente a las dificultades, trabajo en equipo". La iniciativa era esencialmente un corte de mangas al individualismo, la cultura del pelotazo y ciertos perniciosos valores sociales, muy populares antes de la recesión. O si se quiere de otro modo, su iniciativa fue un alegato en favor de la creatividad, la belleza y el arte.
Y lo mejor de todo es que la historia tuvo un final feliz. Las acciones de estos ribagorzanos cayeron en gracia y más de doscientos medios de comunicación se hicieron eco de "su gesta". Esta película bilingüe de 52 minutos (catalán y castellano) documentó todo el proceso de creación del grupo, así como el proyecto en sí mismo y la ejecución final del mural: un gran cerdo y varias ovejitas junto a humanos en movimiento.
El equipo de artistas amateur finalmente constituido constaba de una docena de mujeres y hombres; de todas las edades; profesionales liberales y trabajadores manuales, de uno y otro lado del Noguera Ribagorzana, el río que limita las Comunidades autónomas de Aragón y Catalunya. El trabajo fue financiado por el Ministerio de Agricultura a través de la Asociación para el Desarrollo de la Ribagorza Románica.



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