Ciento ochenta y ocho nepalíes murieron el año pasado en Qatar mientras trabajaban en las obras del mundial de fútbol de 2022. Tal y como denuncia el rotativo británico The Guardian, estas cifras no incluyen los muertos procedentes de India, Bangladesh y Sri Lanka. De contabilizarse los migrantes originarios de esos tres países, el ratio de fallecidos sería superior a uno por día.
Texto por ALIEN KARMA | Fotografía por Ferran Barber | Diario Público.
El Gobierno de Qatar se comprometió el pasado año a modificar las controvertidas leyes laborales que regulan las condiciones de trabajo de los inmigrantes en respuesta al aluvión de críticas internacionales originado por un informe de Amnistía Internacional (AI). La reforma que planteaban consistía en reemplazar los elementos “clave” del sistema de contratación kafala, una normativa laboral que ata al empleado y su patrón bajo un régimen de semiesclavitud y que permite maltratar a los trabajadores con total impunidad.
“Vamos a abolir el sistema kafala y lo vamos a reemplazar por una relación contractual entre el empleado y el empleador. Nuestra intención es eliminar también completamente los visados de salida”, aseguraba el pasado año un responsable del Ministerio qatarí de Interior.
De acuerdo a la nueva legislación legal que pretendían aprobar, los empresarios deberían presentar pruebas concluyentes de las objeciones que planteen para que uno de sus trabajadores abandone el país. Las disputas que eventualmente puedan originarse deberían ser resueltas en un plazo no superior a tres días.
Otros cambios posibles que incluía el borrador era la concesión de prestaciones sociales para los contratados y la imposición de sanciones a las compañías que incumplan sus obligaciones. ¿Se aprobaron finalmente las reformas? Los observadores internacionales plantearon ya en su día serias dudas acerca de la utilidad de estas medidas, dado que consideraban improbable que se implementeran estricta y rigurosamente. En la práctica, las condiciones de trabajo de los inmigrantes siguen siendo deplorables.
Así, por ejemplo, The Guardian ha revelado que los trabajadores extranjeros continúan muriendo por centenares. De acuerdo a ese diario británico, la Oficina nepalí para la promoción del empleo cifra en 157 los muertos procedentes de su país. De ellos, sesenta y siete fallecieron a causa de un ataque cardiaco provocado por las altas temperaturas y treinta y cuatro, por accidentes de trabajo. The Guardian, sin embargo, cree que el número total de nepalíes fallecidos se eleva a 188, algo más de los que murieron el año precedente.
Según DLA Piper, una empresa londinense contratada para auditar la situación laboral de los trabajadores extranjeros, el Gobierno de Qatar debería investigar si las muertes producidas por los golpes de calor guardan alguna relación con las condiciones extremas en las que los migrantes realizan su trabajo. A su juicio, existen indicios que sugieren que así viene sucediendo.
Qatar tiene una comunidad de expatriados de 1,39 millones de personas, la cual constituye más del 85 por ciento de la población total. No hay otro país en el planeta con una proporción tan elevada de inmigrantes. De entre esos extranjeros, la comunidad más numerosa es la india, con medio millón de personas. Existen también grandes contingentes de trabajadores procedentes de Pakistán, Nepal, Bangladesh y las Filipinas.
Oficialmente, Qatar no es solamente el país más rico del mundo. También es el estado más dependiente de la mano de obra foránea. Veinte emigrantes llegan cada hora a este pequeño territorio para pasar a formar parte de su maltratada fuerza laboral. Esta gran comunidad de expatriados procedentes de paupérrimos países asiáticos es uno de los elementos más desestabilizadores de la sociedad del emirato.
Tal y como denunciaba el mencionado informe de Amnistía Internacional ('La cara oscura de la migración: El sector de la construcción en Qatar de cara al Mundial de Fútbol'), la mayor parte de estos extranjeros vive en condiciones de semiesclavitud. Trabajan siete días a la semana, durante jornadas interminables y a temperaturas que frisan los cincuenta grados. La lista de las injusticias que padecen es casi inagotable: duermen en barracones; carecen a menudo de comida y son privados con frecuencia incluso del salario. Ni siquiera tienen derecho a abandonar el país cuando lo desean porque a todos los efectos, no son dueños de sus vidas.
El sistema que legitima estas prácticas lleva por nombre kafala. Con arreglo a esa normativa, cada trabajador tiene un patrón –persona o empresa- que dispone de él como de una posesión. Así, por ejemplo, es responsabilidad del patrón tramitar el permiso de residencia y la tarjeta de salud de los trabajadores, lo que deja enteramente al inmigrante en manos de sus empleadores.
Ni existen cauces legales para que los trabajadores denuncien los excesos de los que son víctima ni se producen inspecciones. Menos aún existen sindicatos que velen por las condiciones de trabajo. Numerosas subcontratas de multinacionales occidentales están contribuyendo a perpetuar estos abusos. Amnistía Internacional documentó en su informe diferentes denuncias de los trabajadores de PCSI Specialties Qatar, una empresa que trabaja con Hyundai o con la constructora española OHL.
Tan cierto es que Qatar trabaja ahora a marchas forzadas en la construcción de los proyectos urbanísticos vinculados al Mundial de Fútbol, como que el problema de la esclavitud es anterior a ese evento deportivo y común a otros países del mismo entorno geopolítico. Muchas de las obras en las que se han detectado abusos se pusieron en marcha antes de que se concediera a este país la organización del Mundial.
Por otro lado, la explotación laboral no afecta únicamente al sector de la construcción. La situación aún es peor cuando se analizan las condiciones en las que desarrollan su trabajo los empleados domésticos, un sector que ocupa en el país a 130.000 personas, en su mayoría filipinas.
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